Por Lluis Jordana
He aprovechado el fin de semana para ver la película Proyecto Salvación, basada en el libro Project Hail Mary de Andy Weir, que ya tengo, y cuando acabe Diccionario de nombres propios de Amélie Nothomb, una delicia, por cierto, me lo leeré. En el tema, lo que empezó como ciencia ficción entretenida y acabó convirtiéndose, sin apenas darme cuenta, en una potente reflexión sobre liderazgo, responsabilidad y trabajo en equipo en contextos de máxima incertidumbre.
Porque más allá del espacio, de la astrofísica o de la amenaza de extinción de la humanidad, Proyecto Salvación es una historia profundamente humana. Y, vista con ojos empresariales, es también una lección magistral sobre cómo liderar cuando no hay manual, cuando las reglas cambian y cuando el error forma parte del aprendizaje y de la mejora continua. No es una historia de héroes infalibles. Es una historia de personas normales tomando decisiones extraordinarias. Y esta es su fuerza.
En este artículo quiero compartir algunos aprendizajes que me llevo y que, sin duda, son aplicables a mi día a día y tal vez al suyo, y, en cualquier caso, indispensables para cualquier organización que aspire a ser sostenible, responsable y relevante en el tiempo. Resumiría el “liderazgo” que desprende Proyecto Salvación en cuatro pilares fundamentales: propósito, aprendizaje continuo, confianza radical y colaboración sin ego.
EL PROPÓSITO COMO MOTOR (cuando no hay incentivos)
En Proyecto Salvación no existe bonificación, ni promoción, ni reconocimiento social; al contrario, una muerte segura del protagonista. Hay una sola cosa: un propósito cristalino. Evitar la extinción de la humanidad.
Ese propósito es el que justifica cada sacrificio, cada noche en blanco, cada decisión ardua. Y lo interesante: no es impuesto, es asumido. El protagonista no actúa porque "le toca", sino porque entiende lo profundo de lo que hace. Bien, inicialmente no lo asume.
Se ve abocado, como ocurre muchas veces, a acabar viendo, encabezando un equipo humano. En las organizaciones hablamos mucho de propósito, pero rara vez lo llevamos hasta las últimas consecuencias. Aquí la lección es contundente:
Cuando el propósito es real y compartido, la motivación deja de depender del control y de los incentivos. Cuando el equipo comprende el impacto del trabajo, no necesita ser constantemente empujado. Se autoexige. Se compromete. Aguanta cuando vienen mal dadas.
En mi caso, en Emiser, conseguir este compromiso por parte del equipo es fácil, porque nuestro propósito es “motivante” por sí mismo, ayudando a insertar personas con discapacidad en el mundo laboral.
APRENDER COMO ESTRATEGIA DE SUPERVIVENCIA
Supongo que, como a muchos, la parte de la película que más me ha gustado es cuando tiene que aprender un nuevo lenguaje inexistente, ¡pero no diré nada para evitar spoilers! El protagonista de Proyecto Salvación no es el más fuerte, ni el más carismático, ni el más seguro de sí mismo. Su verdadera ventaja competitiva es otra:
Aprende sin cesar; un nuevo "lenguaje" a base de prueba y error. Aprende de los errores. Aprende disciplinas que no domina. Aprende bajo presión. Aprende cuando está solo. Aprende cuando el tiempo juega en su contra. No presume de saberlo. Experimenta, formula hipótesis, prueba, falla y vuelve a intentarlo. Y, muy importante: documenta y sistematiza lo que se aprende para tomar mejores decisiones después.
En entornos empresariales complejos, esta es una lección clave: no sobrevive lo que más sabe, sino lo que mejor aprende.
En algunas reuniones con mi equipo más cercano (no me atrevo a hacerlo en ámbitos más grandes por no parecer más rarito todavía) hablo de la “cultura del error”; les animo a equivocarse, esto significa que están innovando, probando, buscando eficiencias, arriesgando, y si sale mal, se aprende y se busca cómo hacerlo mejor, la progresión es exponencial. Creo que las organizaciones que penalizan el error, que castigan la duda o confunden autoridad con infalibilidad, se quedan sin capacidad de adaptación. Y sin adaptación, la empresa deja de ser sostenible.
CONFIANZA RADICAL: DELEGAR LITERALMENTE TU SUPERVIVENCIA
Hay un momento clave en la historia en el que el protagonista entiende algo fundamental: solo no puede. Y no pasa nada por admitirlo. La confianza que entonces se construye no es superficial. Es una confianza radical que implica aceptar que el otro sabe más que tú en ciertos ámbitos. Que depende de él. Qué debes escuchar de verdad. Pero también, que el otro te necesita, es necesario que saques lo mejor de ti. En términos empresariales, esto es oro puro:
En cualquier reunión, intento pensar previamente que mi opinión es una más, pero que probablemente la de los demás será mejor que la mía, para terminar la reunión con la mejor opción o solución, y no con la que yo tenía de antemano.
COLABORACIÓN SIN EGO (EL VERDADERO ALTO RENDIMIENTO)
Si algo demuestra Proyecto Salvación es que el ego es un lujo que no puede permitirse quien juega a largo plazo.
No existen luchas de poder. No existen protagonismos innecesarios. No hay "eso lo dije yo". Hay un objetivo común y una cooperación genuina para conseguirlo. Esta forma de colaborar no surge por casualidad. Surge cuando:
El propósito de toda la organización está claro.
La confianza se genera desde la dirección y cae en cascada.
El error no se criminaliza.
El foco está en el resultado, no en la autoría.
En las empresas, muchas ineficiencias no vienen por falta de talento, sino por exceso de ego. Por departamentos estancos. Por miedo a perder relevancia. Para proteger parcelas en lugar de construir soluciones. A mí me gusta el ego, pero no el individual, sino el ego colectivo, sentirse orgullosos unos de otros, para valorar el trabajo conjunto que persigue un propósito.
Proyecto Salvación nos recuerda que el verdadero alto rendimiento es colectivo o no es.
Para concluir estas reflexiones, que quería dejar por escrito, sobre todo como recordatorio personal, diría que liderar no debe tener todo bajo control, sino saber avanzar cuando todo es complicado y difícil (cambios de normativas que afectan al día a día y la cuenta de resultados, implantación de nuevos softwares, equipos jóvenes con proyección, pero que requieren tiempo para ganar experiencia, etc.), y siempre. Y me hago las siguientes preguntas incómodas, ¿eh?, pero necesarias:
¿Estoy liderando desde el propósito o desde la urgencia?
¿Creo de verdad que aprender es parte del trabajo o solo lo tolero cuando existe?
¿Tiempo?
¿Confío en mi equipo o necesito tener siempre la última palabra?
¿Colaboramos o simplemente coexistimos bajo el mismo paraguas?
Creo honestamente que Proyecto Salvación es una metáfora brillante de los retos actuales de muchas organizaciones, o al menos de Emiser: quizás no estamos salvando el planeta como en la película, pero cada día tomamos decisiones que afectan a personas, equipos y al futuro de nuestras organizaciones. Y esto, en el fondo, también es una misión crítica, que solo puede hacerse desde la humanidad.
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